EL BAÚL DE LOS LIBROS OLVIDADOS
La oferta de libros de segunda mano nos permite hacer un retroceso en la memoria, en un proceso similar a los mercadillos de muebles usados: nos devuelven la imagen de las modas de hace treinta o cuarenta años. Poco podemos decir de los clásicos; siempre estarán allí Cervantes, Benito Pérez Galdós, Dostoievsky, Shakespeare, Dickens... Nos sorprende a menudo que algunos de autores
extranjeros estaban tan asumidos como propios que sus nombres se
españolizaron: Julio Verne, Emilio Salgari, León Tolstoy, Alejandro
Dumas. Es como reconocer que son de los nuestros.
Claro que los clásicos no siempre fueron demasiado accesibles. El libro clásico de bolsillo apareció más tarde de lo que pensamos, allá por los años 60. Ahora reencontramos en las librerías de segunda mano colecciones tan entrañables como RTV, cuyos ejemplares, descoloridos y semidesencuadernados nos devuelven la memoria de nuestros primeros pasos como lectores. Allí descubrí a Cortázar, Orwell, Borges, Ana Mª Matute o Vargas Llosa, que estaban poco y mal editados aún en España.
Pero junto a ellos aparecerán autores que llenaron las estanterías de nueStros padres y abuelos. El tiempo hace que reencontremos nombres que lograron grandes éxitos de ventas durante la transición, ahora felizmente olvidados. Es increíble la cantidad de títulos que llegó a escribir el nostálgico franquista Vizcaíno Casas, o el moralista jesuita Martín Vigil. Y encontraremos aunténticas pilas de obras de Morris West -que se puso de moda a raíz de la película "Las sandalias del pescador"- Frank Yerbi -primer escritor afroamericano autor de "best-seller"- y el incombustible Frank Slaughter, cuyas novelas trataban de conflictos médicos o bíblicos.
Nada como bucear en las estanterías de los libros viejos. Mejor no presuponer quiénes ocuparan esas estanterías dentro de cuarenta años, piense cada cual en sus candidatos a autores felizmente olvidados en el futuro. Quizá el libro electrónico haya arrinconado para entonces el papel y sean precisamente solo los libros viejos los que ocupen estanterías. Hasta entonces, os invitamos a usar la máquina del tiempo, mirar los tomos, hojearlos y ojearlos. Aunque envejezca el papel, lo que nunca será vieja es la literatura.
