viernes, 8 de enero de 2021

Una novela histórica ambientada en la Segovia del siglo XV. MARIANO FUENTE

 

 

Una novela histórica ambientada en la Segovia del siglo XV.

MARIANO FUENTE BLANCO:

Últimos días de Adonay en la ciudad menguante.

 

Ediciones Derviche, 2019.


El éxito de la novela histórica en el mundo moderno arranca de El nombre de la rosa, de Umberto Eco. La investigación de un avispado fraile –un trasunto de Sherlock Holmes en la Edad Media- para localizar al responsable de una serie de asesinatos en un monasterio triunfó como “best seller” de la historia y, después, como película, dirigida por Jean-Jacques Annaud y protagonizada por Sean Connery.

Desde entonces, nos hemos acostumbrado a leer argumentos trepidantes en la Europa medieval, con misterios de templarios o construcciones de catedrales.  Hay otra trama frecuente más intimista, que permite adentrarnos en el alma de un personaje atormentado, con el mundo del judaísmo de por medio: el héroe finge convertirse a otra religión para escapar de una situación angustiosa. Destacaríamos León el Africano, de Amin Maalouf y El médico de Noah Gordon.

 Pero no es tan frecuente que, en lugar de un héroe, el protagonista sea un pobre diablo que, en vez de enfrentarse a sus enemigos, correr aventuras y afrontar los peligros decide acomodarse y optar por la solución más fácil. No es frecuente la figura del desertor que prefiere llevar una vida oscura y renunciar a su integridad sin más objetivo que seguir viviendo. ¡Y menos aún si es segoviano! Pues bien, este es el caso de Abraham Ben Ysaque de Cárdaba.

 Últimos día de Adonay en la ciudad menguante es la memoria de una derrota personal. El protagonista debe afrontar el dilema de convertirse al cristianismo y ser abandonado por su gente o negarse y ser admirado a cambio de abandonar su tierra. Opta por la solución menos heroica, pero quizá también la más triste. La ciudad va menguando para él, tal como señala el título: de una Segovia abierta iremos reduciendo el espacio al confinamiento en la judería hasta llegar al encierro personal en la vivienda y en la habitación.

 La novela se convierte en un canto a la tolerancia. También –a pesar de los pesares- a Segovia. Nada mejor que releer esa visión infantil del protagonista, al comienzo de la novela. El paraíso perdido de un niño judío del siglo XV, no muy diferente del paraíso perdido por los niños segovianos del siglo XX:

 Yo pensaba que en todos los tiempos y en todos los lugares habían estado las tres leyes con sus sinagogas, sus mezquitas y sus iglesias y un alcázar encaramado a las rocas donde vivía un rey poderoso. Pensaba que el mundo era como Segovia, que así había sido siempre y así sería hasta el fin de los tiempos. Ahora me enternece la absoluta ignorancia en que vivía.

 Pero no adelantemos acontecimientos. Se trata de un libro hermoso y absorbente; una novela histórica para disfrutar de la buena literatura.